El acceso al agua como estrategia de lucha contra la pobreza

He tenido la inmensa suerte de conocer, compartir ideas, proyectos, debatir y discutir sobre diversos aspectos de la Cooperación Internacional con Álvaro Hernán Montoya Ramírez, que es Ingeniero Agrónomo de origen colombiano,  Máster en Recursos Hídricos y Doctor en Ciencias Ambientales. Experto en Agua, Agricultura, Medioambiente y Cambio Climático y cuya trayectoria profesional se enmarca en la docencia y la investigación universitarias, la Cooperación Internacional, la Administración Pública y  la consultoría.

Actualmente presta sus servicios en el Área de Medio Ambiente del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), al tiempo que colabora con varios grupos de investigación y centros de estudios en España y Colombia.

Le he invitado a que colaborase con un post, sobre el acceso al agua en los proyectos de cooperación internacional.

Álvaro H Montoya Ramírez

Un largo (y aun inconcluso) camino  hacia el reconocimiento del agua como  derecho humano básico

Quizás por haber nacido y crecido en Colombia, un país privilegiado como muy pocos en cuanto a riqueza natural, pero al mismo tiempo -y en medida similar- tan duramente castigado por la inequidad social, en mi proceso de formación académica y desempeño profesional he tomado conciencia sobre la estrecha conexión existente entre medioambiente y desarrollo. Como bien recoge el Programa 21, emanado de la Cumbre de la Tierra de Río 1992,

Logotipo Cumbre de la Tierra

esta interacción es de doble vía: por un lado, un individuo o colectivo pobre, en su legítimo afán de subsistencia, puede hacer un uso insostenible de los recursos naturales y, por otro lado, el agotamiento de la base natural por cuenta de una actividad socioeconómica abusiva puede generar pobreza en la población, o agudizarla.

En mi tesis doctoral me propuse ahondar en el conocimiento de tal interacción. Concretamente, analicé el vínculo entre el acceso al agua y la pobreza rural en Colombia. Uno de los estudios de caso de la investigación consistió en evaluar el impacto generado por un proyecto de agua, saneamiento básico y seguridad alimentaria sobre la población objetivo, en términos de reducción de pobreza y rentabilidad financiera, económica y social. El proyecto había sido ejecutado en 2004 por Acción contra el Hambre – España con financiación de la AECID, en el marco de un paradisiaco rincón del Caribe. La estancia en terreno que este estudio llevó aparejada me brindó la invaluable oportunidad de palpar otras realidades de mi propio país, ciertamente desconocidas para mí hasta entonces  y, de paso, me introdujo de lleno en el campo de la Cooperación Internacional al Desarrollo y la Acción Humanitaria –tan apasionante como complejo-, al cual me he mantenido ligado por un espacio que ya va rondando los diez años.

En gran parte el fruto de esa experiencia es el que deseo compartir aquí, por invitación de mi amigo Fernando, con ocasión de la celebración del Día Mundial del Agua.

Logotipo Día Mundial del Agua

Esta disertación adopta una perspectiva algo más teórica y menos práctica que la de los colaboradores que me han precedido en este blog. Mi propósito con esta aportación es mostrar las múltiples vías a través de las cuales la disponibilidad de unos servicios hidráulicos apropiados condiciona el potencial de desarrollo y bienestar de cualquier persona o grupo humano.

Intento así, con un Enfoque Basado en Derechos, llamar la atención sobre el alto grado de responsabilidad que encierra para la comunidad internacional la garantía de provisión de tales servicios a la población desfavorecida de los países en vías de desarrollo, como un instrumento clave de solidaridad global.

El núcleo de este artículo coincide con un escrito publicado originalmente en 2013 por la revista Árbol de Tinta, editada por la Universidad de Ibagué (Colombia) pero situado en el actual contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que rigen la Agenda Internacional de Desarrollo entre 2015 y 2030.

Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS

1.        INTRODUCCIÓN

A día de hoy, para cualquier persona mínimamente informada, oír hablar de la abundancia de agua en la Tierra e, incluso, de su presencia en otros planetas, satélites y cuerpos del sistema solar (y del universo), así como de su condición imprescindible e insustituible para todas las formas de vida conocidas, incluida la humana, resulta redundante y, quizás precisamente por ello, hasta anodino.

A fuerza de costumbre, frases tan trilladas como que “el agua es vida”, terminan convirtiéndose en expresiones vacías de contenido que, a la larga, ya no consiguen transmitir con igual fuerza la irrebatible idea originaria que encierran. Sin embargo, de ningún modo ese aparente carácter elemental debería ser interpretado como una pérdida de vigencia en el tiempo.

Por otro lado, visiones, por desgracia aun no del todo superadas, como aquélla que se refería al agua como un ‘recurso natural renovable’, que si bien es ajustada en el sentido literal del término, también es cierto que ha conducido –y sigue conduciendo- a esquemas de gestión inadecuados, caracterizados por el despilfarro y el maltrato de los que ha sido objeto este recurso, tan esencial para la vida, tal como se ha pregonado hasta la extenuación.

No obstante, hay que reconocer que hasta aquí nos seguimos moviendo en el predecible terreno de las obviedades, de las “verdades de Perogrullo”, de los lugares comunes que, al igual que las frases de cajón, con el tiempo, en poco o nada contribuyen a formar conciencia sobre la enorme importancia del agua, y la impostergable necesidad de manejarla con juicio. Con inteligencia.

Dentro de dicho propósito, aquí en lo sucesivo se pretende aportar una revisión que, a su vez, dé lugar a una reflexión, en torno al papel que puede jugar el agua o, más exactamente, el acceso a agua segura[1], como estrategia de lucha contra la pobreza. A tal efecto, y dada la restricción de espacio, se omitirán cifras y estadísticas que, si bien, podrían reforzar los argumentos, se hallan profusamente disponibles en numerosas fuentes, tanto en soporte editorial como electrónico, y al alcance de cualquier lector/a interesado en la temática.

Para entrar en materia, conviene sentar la noción misma de pobreza, más allá de su percepción más o menos intuitiva. En palabras del filósofo y economista Amartya Sen, premio Nobel de Economía 1998 y precursor del concepto de Desarrollo Humano, la pobreza puede entenderse como la “privación de las libertades fundamentales de que disfruta el individuo para llevar el tipo de vida que tiene razones para valorar”. Resulta claro entonces que pobreza es mucho más que insuficiencia –o carencia- de renta sino que, más bien, este problema multidimensional ha de ser entendido como deficiencia de capacidades, por parte de individuos y colectivos, para poder llevar adelante una vida digna.

Desde esta óptica, procede ahora establecer vínculos entre agua y pobreza, los cuales abarcan desde salud y educación, hasta cultura y religión, tal como a continuación pasa a comentarse:

2.        INTERACCIÓN AGUA-POBREZA

Para empezar, qué duda cabe acerca del carácter irremplazable del agua limpia y suficiente para preservar la salud humana, con fines de hidratación, alimentación e higiene. A pesar del constante progreso observado durante las últimas décadas, aun lucen escandalosos los datos de morbilidad y mortalidad –gástrica, respiratoria, cutánea-, ligados al inadecuado acceso a agua potable y saneamiento básico en extensas zonas de países en vías de desarrollo y, de modo más acusado, en entornos rurales y peri-urbanos.

Sobra decir que una salud precaria limita el potencial -escolar primero y laboral después- de cualquier sujeto; por lo cual el acceso a agua segura supone un requisito sine qua non para atacar la propagación intergeneracional de la pobreza, o sea, esa falaz ‘predestinación’ a vivir en medio de la privación.

En estrecho vínculo con el aspecto sanitario, la insalubridad característica de muchas infraestructuras escolares (colegios), por falta de servicios idóneos de agua y saneamiento, atenta contra la misión formadora que éstas deberían cumplir, reforzando así el círculo vicioso de la pobreza: un niño pobre no cuenta con las garantías locativas mínimas para desarrollar las habilidades y destrezas que luego le permitirían modificar positivamente su situación.

En tal orden de ideas, resulta llamativo observar cómo la ausencia de baterías sanitarias segregadas por sexo, llega a imponer un severo obstáculo para la entrada de las niñas a la escuela en determinados entornos socio-culturales como el musulmán, por ejemplo. Esto repercute, pues, en una fuerte merma de las capacidades de la mujer, desde la infancia misma.

Queda así al descubierto un evidente nexo entre agua, pobreza y género. Se habla mucho de la ‘feminización de la pobreza’, entendida como una incidencia desproporcionada de la pobreza entre la población femenina. Al margen de divergencias conceptuales sobre la validez del término, es innegable que la mujer se relaciona con el agua de un modo particular, diferente al varón y, en consecuencia, desempeña un rol específico como administradora, usuaria y proveedora de agua, tanto en la familia como en la comunidad.

En lugares aquejados por deficiente suministro hídrico, el acarreo de los volúmenes de agua necesarios para intentar satisfacer el consumo humano y el uso doméstico de la familia -lo cual no siempre se consigue-, es una tarea que recae casi en exclusiva sobre la mujer, desde muy temprana edad: caminatas kilométricas de varias horas diarias, soportando un peso físico en ocasiones desproporcionado.

Mujeres acarreando agua

Así, la mujer se ve excluida del espacio escolar como niña, y del mercado laboral como adulta, y hasta expuesta a riesgos sobre su integridad personal (lesiones, agresiones, violaciones). Tan asimétrica responsabilidad retroalimenta la ‘feminización de la pobreza’ y, a la larga, induce sometimiento y falta de autonomía para la mujer.

Al hilo de lo que ha dado en denominarse ‘empoderamiento de la mujer’, durante la última década se ha llamado la atención sobre los incuestionables beneficios que aporta el adecuado acceso al agua con fines productivos, a nivel de hogar o minifundio, para mujeres pobres, habitantes de zonas rurales y peri-urbanas. Estas actividades económicas consisten en producción de bienes y prestación de servicios a baja escala, y se traducen principalmente en generación de renta y empleo, y seguridad alimentaria; y son extensibles a otros grupos vulnerables, tales como pequeños campesinos o minorías étnicas.

Esta mirada alternativa al potencial productivo del agua complementa la visión tradicional del recurso como insumo indispensable para todos los sectores extensivos con fines comerciales (agricultura, ganadería, industria, energía, minería, comercio, turismo), con su efecto dinamizador sobre el conjunto de la economía, que puede abarcar generación de renta y empleo para amplias capas de población en situación de pobreza; además de la redistribución de riqueza que puede operar el Estado a través de servicios sociales financiados vía impuestos, regalías y divisas provenientes de tales actividades productivas.

3.        DERECHO AL AGUA Y AGENDA INTERNACIONAL DE DESARROLLO

A lo largo del presente siglo, este entramado de interrelaciones entre agua y pobreza ha originado un fuerte movimiento social, académico y político, que propugna el reconocimiento del agua como derecho humano básico, como quiera que el acceso a agua segura condiciona la satisfacción de otros tantos Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), empezando por el propio derecho a la vida, la salud o la alimentación, hasta el derecho a la cultura o la práctica religiosa, pasando por el derecho a la educación o el trabajo.

De este modo, se habla de que toda persona, por el solo hecho de serlo, debe disponer de, al menos, un volumen de 20 litros diarios de agua limpia

Bidón de 20 litros de agua

para satisfacer sus requerimientos más esenciales, a un precio asequible, o incluso gratis en caso de no poder sufragarlo. Por desgracia, esta iniciativa ha chocado con la férrea oposición, más o menos velada, de fuertes grupos de presión, tales como lobbies empresariales que visualizan el agua más como mercancía que como derecho. Viendo el actual panorama mundial, todos, como especie humana, hemos de entonar un sonoro mea culpa, al admitir que aun nos situamos demasiado lejos de honrar este ineludible compromiso moral.

Con todo, no deberían ignorarse pasos tan significativos como la declaración del agua potable y el saneamiento básico como derecho humano esencial, por parte de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2010. Otro debate sería su implementación mediante políticas concretas.

También en el seno de la ONU, al igual que de gobiernos nacionales, centros de pensamiento y organizaciones de la sociedad civil, existió un alto grado de consenso en torno al rol protagónico que jugaba el agua en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el mayor pacto global de lucha contra la pobreza alcanzado hasta entonces en la historia de la humanidad, pese a las múltiples –y a menudo justificadas- críticas de que fueron objeto.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tomaron el relevo a los ODM, una vez se agotó el horizonte de implantación de éstos, al concluir el año 2015, con la vista puesta en los quince años subsiguientes, esto es, hasta 2030. Es justo admitir que en su concepción, diseño y estructura la comunidad internacional realizó genuinos esfuerzos por capitalizar los aprendizajes derivados de los ODM. Aun así, esta Nueva Agenda de Desarrollo Sostenible configurada por los ODS no se halla exenta de cuestionamientos, que no se pretende aquí discutir.

Lo que sí procede ahora es llamar la atención sobre el carácter decisivo que, en mayor o menor medida, unos servicios de agua adecuados encierran para el cumplimiento de todos los ODS, más allá de que sólo uno de ellos (el número 6) se ocupe explícitamente del sector de agua potable y saneamiento básico.

Esta afirmación es evidente para, al menos, los primeros quince objetivos (de un total de 17), y se sustenta en los razonamientos previamente expuestos: ¿acaso cabe alguna duda sobre las múltiples y complejas interrelaciones que conectan al agua con las metas trazadas en materia de renta, alimentación, salud, educación, género, energía, empleo, industria, infraestructura, equidad, habitabilidad, producción, consumo o medioambiente? Seguramente no.

IDEA FINAL

Ya para finalizar, sólo resta sugerir la adaptación de estas ideas, quizás algo genéricas, al contexto socioeconómico y medioambiental de cada país, zona o comunidad, lo cual pasa necesariamente, por un lado, por el análisis de los determinantes de la pobreza, y por la evaluación del estado de los recursos hídricos, por otro; todo ello a fin de incorporar la lucha contra la pobreza como criterio central dentro de la gestión del agua en un entorno concreto. Cabe pues esperar que el aprovechamiento racional de los recursos naturales incluido, como no, el agua, constituya una estrategia efectiva para mejorar las condiciones de vida de miles de millones de seres humanos en todo el mundo.

Muchas gracias por tu atención y como suele ser habitual se agradecen los comentarios.

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28 comentarios en “El acceso al agua como estrategia de lucha contra la pobreza

  1. Lo primero de todo Gracias álvaro, por tu comentario en el blog.
    Nunca me hubiera imaginado que el acceso al agua fuera una herrramienta de lucha contra la pobreza.
    Me gustaria saber como haceis frente a este problema dia a dia y que organizaciones actualmente se encargan de ello.
    Aprovechando que es el dia mundial del agua, nos has dado una visión mas certera de lo que es la realidad, me encantaria saber mas sobre las labores que realizais.
    un saludo
    Gonzalo

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    1. Estimado Gonzalo,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Me alegro de que este post te haya ampliado la visión acerca del vínculo entre agua y pobreza. Más aún me satisface intuir que esta humilde contribución ha podido motivar tu interés hacia el trabajo que se adelanta en este campo, dentro del ‘universo genérico’ de la Cooperación al Desarrollo.

      A este respecto, te comento que existe una larga lista de Organizaciones de Cooperación Internacional al Desarrollo, y prácticamente todas las de Acción Humanitaria (muchas ONG se desempeñan en ambos frentes de actuación), con un fuerte despliegue en Agua, Saneamiento Básico e Higiene (WASH por sus siglas en inglés) y otras tantas en Agricultura y Seguridad Alimentaria. Además, varias ONG abordan ambas materias.

      Como ‘paraguas’ del trabajo de estas ONG, se aprecia también la labor de varias agencias del sistema de la Organización de Naciones Unidas, cada una dentro del ámbito que le confiere su mandato específico: FAO (Agricultura), PMA (Alimentación), UNICEF (infancia), PNUD (Desarrollo), ACNUR (Refugiados), OMS (Salud), entre las principales.

      Aparte, se tienen las instancias gubernamentales propiamente dichas, a sus diferentes niveles: nacional, provincial, local, etc.

      Yo, por mi parte -y sólo por darte un ejemplo concreto-, además de mi familiaridad y cercanía con la acción operativa que acabo de describir, experimento una fuerte inclinación hacia la docencia y la investigación en torno al trinomio Ambiente-Desarrollo-Sociedad.

      Como ves, Gonzalo, hay mucho por hacer, y muchas formas de hacerlo. Por tanto, todos los perfiles personales y profesionales, con sus respectivas capacidades, habilidades y competencias, son más que bienvenidos en esta gratificante misión de contribuir a la realización de la dignidad humana.

      Saludo cordial,

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  2. Estimado Álvaro,

    Gracias por tu contribución a la divulgación de conocimiento. Es un placer conocer y leer acerca del trabajo de un compatriota que trasciende fronteras con una misión y labor tan encomiable. Dentro y fuera de Colombia, trabajar por el cuidado del agua es generar Paz…
    En la consciencia de todos, como bien expresas, tenemos cierto sentido por el valor del agua, pero ciertamente tener la oportunidad de conocer la opinión y criterio de expertos y conocedores, dejan en nosotros un discernimiento superior que se traduce en mayor responsabilidad y -empleando tus palabras-, en compromiso moral. Ese compromiso que nace de interiorizar la información e intentar incorporar hábitos más responsables con el agua y los demás recursos naturales. Compromiso de ejercer un “efecto multiplicador” en las intervenciones y proyecciones de nuestra actividad personal y profesional.

    Así como el agua constituye un arquetipo, origen y vida en sí misma, en su preservación y consciencia del valor; empezamos a avanzar en la lucha por las desigualdades.

    Gracias
    Jimena Bonilla

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    1. Estimada Jimena,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Como ya apuntaba en la presentación del post, mi visión sobre el medioambiente en general y el agua en particular se halla muy influida por mi experiencia vital como colombiano y, por tanto, testigo directo de la triste paradoja entre riqueza natural y privación socioeconómica.

      Enlazando esta reflexión con la actual coyuntura histórica que afronta el país, procede subrayar el carácter crucial que encierra el acceso al agua dentro de los Acuerdos de Paz de La Habana, concretamente en el punto de Desarrollo Rural Integral:

      http://www.acuerdodepaz.gov.co/acuerdos/mejores-oportunidades-para-el-campo

      No es fortuito que, precisamente, éste fuera el primer punto de acuerdo alcanzado, con lo que se hizo un reconocimiento explícito de la insuficiente o nula cobertura de servicios de agua en el campo colombiano -tanto para consumo humano y uso doméstico, como con fines productivos-, como una de las causas estructurales del conflicto armado interno.

      Con esto, me quiero hacer eco de tus sabias palabras: “Trabajar por el cuidado del agua es generar paz”.

      Saludo cordial,

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  3. Gracias Álvaro por la entrada al Blog,
    Me ha parecido muy interesante y fundamental tener presente que el acceso al agua como estrategia de lucha contra la pobreza.
    Desde nuestro día a día aquí con la facilidad absoluta que tenemos de acceso al agua podemos olvidar que es un recurso escaso y que tenemos que preservar. Y lo que no se nos puede olvidar nunca es que hay muchas personas que no tienen acceso a agua limpia y como eso les hace perpetuarse en el ciclo de la pobreza.

    Un saludo

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    1. Estimad@ Cooperakaizen,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Efectivamente, coincido contigo en que, desde la óptica de la posición propia, es fácil perder la perspectiva de la posición ajena, sin que ello necesariamente denote insolidaridad. A veces, quizás la mayoría, es sólo cuestión de desconocimiento.

      De allí surge nuestra imperiosa obligación (moral si se quiere) de actuar como ‘altavoces’, llamando la atención sobre las múltiples injusticias que limitan o incluso imposibilitan la realización de la dignidad humana de millones de personas alrededor del mundo.

      El acceso al agua es ‘sólo’ una de esas injusticias.

      Saludo cordial,

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  4. Estimado Álvaro, no podría estar más de acuerdo, “una salud precaria limita el potencial -escolar primero y laboral después- de cualquier sujeto; por lo cual el acceso a agua segura supone un requisito sine qua non para atacar la propagación intergeneracional de la pobreza”. La lucha por el acceso universal al agua potable debe ser una de las prioridades de ONGs, Estados y Organismos Internacionales.
    Te dejo aquí dos iniciativas de jóvenes españoles que se han involucrado en tal empresa:
    http://www.thewatervanproject.org/index-desktop.html
    https://www.auara.org/
    Un saludo,
    Blanca

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    1. Estimada Blanca,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Yo añadiría que el compromiso institucional que, como tú bien apuntas, cabría esperar de Estados, Organismos Internacionales y ONG en la realización del Derecho Humano al Agua, esto ha de ser reflejo de una fuerte conciencia social, a escala primero individual y luego colectiva, que así se los demande.

      Por otro lado, encuentro sumamente interesantes estas iniciativas que amablemente nos compartes. Al hilo de ello, te invito a mantener abierto el canal de comunicación, de cara a seguir intercambiando impresiones y/o explorar futuras colaboraciones.

      A tal efecto, en el post aparece mi perfil en Linkedin.

      Enhorabuena y adelante con esas ideas enriquecedoras, al servicio de tantas personas y en tantos lugares!

      Saludo cordial,

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  5. Esta entrada en el blog parece muy relevante, no sólo por el día internacional del agua sino también por el reciente desastre en Mocoa. La avalancha ha dado lugar a terribles consecuencias para la población local. Una especial preocupación para la comunidad es restablecer el acceso seguro y constante para agua potable. Estoy seguro que esto es importante no sólo para ayudar a los esfuerzos de asistencia humanitaria en las próximas semanas, sino también para promover el desarrollo a plazo más largo. Gracias por una lectura interesante en un lamentable momento apropiado. Basado en su investigación, ¿cuáles son las mejores maneras de ONGs y de la comunidad internacional ayudar a mejorar el acceso al agua en respuesta al desastre?

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    1. Estimada Margaret,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Como bien comprenderás, en mi condición de colombiano, me reconozco especialmente impresionado por el desastre de Mocoa; una tragedia que, como tantas otras, todo indica que pudo haberse evitado, o al menos atenuado, a través de una adecuada gestión del riesgo.

      En cualquier caso, y ya ante la constatación de la emergencia, yo plantearía dos frentes de actuación:

      1. En el corto plazo, asegurar el restablecimiento del acceso de la población afectada a, al menos, unos servicios básicos de agua y saneamiento. En esta tarea de emergencia, las ONG de Acción Humanitaria están llamadas a cumplir un papel protagónico, en coordinación con los actores locales (instituciones públicas, privadas y del tercer sector).

      2. Ya en el medio y largo plazo, el compromiso es reducir la vulnerabilidad de los habitantes, mediante una ordenación territorial que contemple la amenaza natural inherente a las corrientes hídricas superficiales. Dicha labor es, ante todo, responsabilidad del Estado y apunta, por un lado, a la urbanización en zonas seguras y, por otro, a la gestión de las cuencas hidrográficas, con énfasis en la conservación y recuperación de suelos y bosques.

      Saludo cordial,

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  6. Estimado Fernando,

    Muchas gracias por tu aportación.

    Sin lugar a dudas, el Proyecto Esfera supone un gran paso en términos de estandarización y transparencia en el quehacer de la Acción Humanitaria.

    No obstante, mi experiencia profesional me ha enseñado que su uso como marco de referencia en la fase de evaluación de proyectos de Cooperación Internacional adopta unos valores extremadamente discretos, como no podría ser de otra forma al estar concebidos para situaciones de emergencia.

    De este modo, existe el riesgo cierto de que una evaluación de impacto basada en el Proyecto Esfera arroje un balance excesivamente positivo de la actuación, o incluso autocomplaciente.

    Saludo cordial,

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    1. Estimados Álvaro y Fernando, gracias por vuestras respuestas y links sobre el agua y la Cultura y sobre el Proyecto Sphera. En cuanto al uso de Sphera, estoy de acuerdo con Fernando con que es el marco conceptual en el que las operaciones de ayuda humanitaria deben moverse, y los criterios y objetivos mínimos que deberían establecerse en el abastecimiento de la Ayuda. En ocasiones es difícil cumplir con dichos criterios a la hora de desarrollar las actividades sobre el terreno, a causa de diferentes factores (económicos; tiempo; accesibilidad; mercado; etc.) No obstante gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías ha ayudado a maximizar los recursos disponibles, llegando a más población

      Los criterios Sphera nunca deberían utilizarse para la evaluación de un proyecto de Desarrollo. Sphera es una normativa desarrollada para facilitar el abastecimiento de las necesidades básicas de una población, de una manera eficaz y eficiente, en un contexto de emergencia, donde los recursos (económicos y/o naturales) pueden ser escasos, el acceso a la población verse dificultado, quien se ha visto obligada a desplazarse fuera de su zona de residencia. Un proyecto de Desarrollo trata de mejorar la calidad de vida de sus beneficiarios, cuya situación no ha sido alterada por una emergencia.

      Un cordial saludo

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  7. nteresante post sobre la relación del acceso al agua y el saneamiento con la vulnerabilidad de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Para reflejar lo descrito anteriormente es importante destacar que el consumo de agua per capita en USA (el país con mayor consumo per capita) es de 570 ltrs por día, mientras que en Mozambique es de tan solo 10 ltrs. En general y a pesar del relativo éxito de los ODS durante la última década, el África subsahariana está a la cola por el consumo per cápita, el 40% de la población residente en esta región del mundo carece de un acceso a agua segura.

    Está claro la relación entre acceso al agua y desarrollo económico, en especial entre las mujeres. Sería necesario además una descripción más detallada de los factores culturales y religiosos en el consumo del agua.

    El agua ya es uno de los recursos cuya pertenencia y explotación generan enfrentamientos entre diferentes sectores de la sociedad (p.ej, yo viví el enfrentamiento entre ganaderos y agricultores en El Salvador por las fuentes de agua) o entre diferentes estados: la ocupación de los Altos del Golán por Israel, estuvo parcialmente fundamentada por la apropiación de recursos hídricos por el estado de Israel. Este conflicto tuvo su repercusión en los países de la zona y actualmente el estudio y conocimiento de los acuíferos en Líbano es un asunto de seguridad nacional, y el acceso a dicha información se encuentra restringido.

    Un saludo

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    1. Estimado Iñaki,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Encuentro muy útiles los datos que aportas para ilustrar el problema.

      Es evidente que el acceso al agua, dado el carácter indispensable e insustituible del recurso, puede motivar conflictos, a todas las escalas, como tú bien señalas: desde individuos hasta países.

      Por lo demás, y sólo a modo de ejemplo, me permito adjuntar el enlace a una breve reflexión de la UNESCO, con motivo del Día Mundial del Agua 2006 cuyo lema fue, precisamente, “Agua y Cultura” (con una clara alusión clara al hecho religioso):

      Saludo cordial,

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      1. Iñaki, Álvaro,

        Muchas gracias por vuestros comentarios.

        Me gustaría sacar a la luz, el Proyecto Esfera, como “iniciativa voluntaria que reúne un amplio abanico de organizaciones humanitarias en torno a un objetivo común: mejorar la calidad de la asistencia humanitaria y la rendición de cuentas de los actores humanitarios frente a sus miembros, a los donantes y a la población afectada”.

        La Norma 1 trata sobre “Abastecimiento de agua: acceso al agua y cantidad disponible”. En el apartado de mínimas sobre las que regula, es sobre el agua, saneamiento y promoción de la higiene.

        Entre los indicadores clave señala:

        La cantidad promedio de agua utilizada para beber, cocinar y realizar la higiene personal en los hogares es de al menos 15 litros por persona y por día.

        La distancia máxima de cualquier hogar al punto de abastecimiento de agua más cercano es de 500 metros.

        El tiempo que hay que hacer cola en un punto de abastecimiento de agua no excede los 30 minutos.

        Comparto el enlace correspondiente a su capítulo 5.

        Incluso el Proyecto Esfera, hace observaciones sobre las cantidades mínimas de agua para el ganado en situaciones de emergencia.

        Saludos,

        Fernando Cuevas

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  8. El mercado siempre puede solucionar el problema. Por lo que considero que es mejor enfocarse en porqué el mercado no soluciona el problema, esto es, que impide el libre desarrollo de la función empresarial en cada caso. ¿Falta de derechos de propiedad?¿Problemas políticos que hacen imposible planificar inversiones a largo plazo?¿imposibilidad de migrar a tierras mas húmedad por fronteras trazadas por los estados?. Desde mi punto de vista, muchas veces la oferta no satisface la demanda porque el estado no deja actuar al mercado, que al fin y al cabo no es más que los individuos actuando en libertad. Ofrecer agua gratis puede ser una solución ahora, pero se uniría al resto de causas que deben de ser atacadas. Con agua gratis ya si que no hay incentivo alguno para que la sociedad busque la mejor manera de acceder a ella.

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    1. Desde mi punto de vista el mercado no debería tener la última palabra porque en ese caso el acceso al agua estaría restringido a las capas más vulnerables de la sociedad que no puedan pagar el precio impuesto por el mercado. El acceso o el consumo de agua segura debería ser un derecho fundamenta garantizado por todos los gobiernos a su población

      Un saludo

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      1. Estimado Iñaki,

        Muchas gracias por tu comentario.

        En línea con tu aportación, te invito a revisar a continuación la respuesta al comentario de Enrique.

        Efectivamente, la provisión del agua exige unas consideraciones que para ‘la mano invisible’ del mercado pueden pasar desapercibidas, con un alto coste en términos de Desarrollo Humano.

        Ésa es la justificación para adoptar un Enfoque Basado en Derechos.

        Saludo cordial,

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    2. Estimado Enrique,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Estoy de acuerdo contigo en que la falta o el exceso de regulación estatal puede llegar a distorsionar el mercado de cualquier bien o servicio y, en consecuencia, dificultar o incluso obstaculizar el acceso a dicho bien o servicio.

      No obstante, aquí conviene tener presente que no estamos hablando de un bien o servicio ‘al uso’, sino de un recurso indispensable e insustituible para la vida, lo cual impone -o debe imponer- una aproximación al problema con Enfoque de Derechos.

      Te invito a observar en el artículo cómo la gratuidad se plantea como una política excepcional, una ‘medida de choque’ ante un escenario de privación humana extrema, desde la perspectiva de un Derecho Humano básico.

      Por lo demás, como bien recoge la Declaración de Dublín en su cuarto principio, es imperativo reconocer el valor económico del agua, en el sentido positivo del término, esto es, apuntando a esquemas de gestión eficientes que hagan ‘aflorar’ el valor real del recurso, lo cual supone asumir las externalidades positivas (o negativas) que conlleva el adecuado (o inadecuado) acceso al mismo.

      Saludo cordial,

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    3. Hola Enrique,

      Muchas gracias por sus comentarios.

      La verdad es que al igual que lo que comenta el autor e Iñaki, yo no estoy de acuerdo en que el mercado siempre pueda solucionar el problema, al menos por mi experiencia en varios proyectos de cooperación en distintos continentes y situaciones, como en Angola, la República Democrática del Congo, los Balcanes, etc.

      Por si le quiere echar un vistazo, comparto el enlace al libro blanco The human rigth to water: Emerging Corporate Practice and Stakeholders expectations.

      Este libro blanco, pretende informar tanto acerca de cómo las compañías privadas pueden respetar el derecho humano al agua como sobre cómo el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1976 en sí puede contribuir significativamente a la capacidad de los negocios privados para abordar este tema de forma efectiva. Específicamente, el libro blanco proporciona una visión general de las políticas públicas y marcos emergentes así como una orientación que apoya la práctica del negocio y/o establezca las expectativas de las compañías en este sentido.

      Saludos,

      Fernando Cuevas

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      1. Estimado Ferenando, muchas gracias por el link y el Libro Blanco- El agua es un recurso natural: no es de nadie, y es de todos, como ocurre con el medio ambiente. Por ello un alto porcentaje de la población carece de una cultura firme de protección y gestión adecuada de los recursos naturales. Yo sigo pensando que el rédito financiero no debería ser el fin último en la gestión de los recursos naturales básicos. Yo entiendo que la gestión de un proyecto de agua es adecuada cuando es eficiente económicamente (en la que los recursos no son mal aprovechados) y eficaz desde el punto de vista humanitario (nadie, por causas económicas, debería quedarse sin abastecimiento de agua). La búsqueda de ese equilibrio es la piedra de toque que debemos buscar tanto los actores humanitarios como las autoridades públicas, quienes además,a través de sus líneas de financiación, tienen la posibilidad de priorizar el factor humano sobre el financiero, y evitar que los más vulnerables se queden sin agua.

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    1. Estimada María Ascensión,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Si te fijas, seguramente verás que el artículo da cuenta de una historia -aún inacabada- marcada por grandes éxitos de una larga y sostenida lucha de la sociedad global, en pos del bienestar de miles de millones de seres humanos alrededor del mundo.

      De hecho, yo afirmaría que este proceso guarda un evidente paralelismo con todas las conquistas experimentadas por la humanidad en materia de Derechos Humanos.

      Por lo tanto, estimada María Ascensión, nada de desconsuelo! Al contrario: estamos en camino!

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    2. Mª Ascensión,

      Muchas gracias por tus comentarios.

      Efectivamente como dice el autor del post, yo vería el vaso más “medio lleno” que “medio vacío” y parece que estamos en el camino.

      Lo cierto es que entre todas y todos tenemos que ayudar a construir y demandar el cumplimiento de esta ambiciosa agenda que suponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Todos tenemos un rol y algo que hacer, aunque solo sea difundiendo y generando debate.

      Saludos,

      Fernando Cuevas

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