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Consecuencias de la guerra

Angola, país minado. Recorrido hasta que me instalo en Benguela

Hace unos días he tenido la oportunidad de escuchar en el programa Nómadas de Radio Nacional de España, el relato de un viaje entre Luanda y Benguela en Angola, viaje que durante dos años he tenido que hacer al menos una vez al mes, en cada sentido. Esto ha traído a mi cabeza los recuerdos de mi primer viaje entre ambas ciudades. A continuación puedes leer los detalles, tanto de mi llegada a Luanda como de mi instalación en Benguela.

Tal y como indicaba en mi entrada del pasado 3 de julio, en la primavera de 1995, tras una intensa y concienzuda preparación (“briefing”) de la mano del Director Ejecutivo del Departamento de Cooperación Internacional de Cruz Roja Española, Manuel Fernández Gómez,  y en Ginebra, soy enviado por la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de Cruz Roja y Media Luna Roja  (Federación) como Delegado de Socorros a Benguela (Angola).

En aquel momento, la Federación había lanzado el Llamamiento Internacional 01.13/95 a favor de la población desplazada dentro del país.

La guerra civil de Angola fue la más prolongada de África, y había dejado arrasado el país. A pesar de la firma de los acuerdos de paz en Lusaka (Zambia) en noviembre de 1994, había una población cercana a los cuatro millones de personas (de un total de diez) que todavía requerían asistencia humanitaria, dado que la economía había sido completamente destruida y el caos predominaba en la mayor parte de las provincias. Con este Llamamiento, la Federación, a través de la Cruz Roja de Angola (Cruz Vermelha de Angola  – CVA) quería expandir sus programas de asistencia a favor de 150.000 desplazados en once provincias; tomar parte en una iniciativa de Naciones Unidas sobre prevención de las consecuencias de las minas antipersona y fortalecer la capacidad operativa de la CVA para su futuro trabajo de rehabilitación y de socorros.

Minas y otros artefactos
Recopilación de material de guerra en Huambo

El plan de acción contemplaba el incremento de la asistencia a los desplazados internos, entre otras, en la provincia de Benguela y las actividades principales comprendían: programas de cuidados de salud garantizando el funcionamiento de una red de puestos y centros de salud en el sur del país, construcción, rehabilitación y mantenimiento de los mismos; distribuciones alimentarias y no alimentarias; distribuciones de aperos de labranza, de semillas, de ropa, enseres, de medios de vida; actividades de prevención y sensibilización por el riesgo de minas antipersona; formación en preparación ante desastres.

Edificio dañado en Angola
Consecuencias de la guerra civil en Angola

Además había un componente de desarrollo de la Cruz Vermelha de Angola en todos los ámbitos y particularmente yo me empeñé en el que me correspondía que era el de Benguela y otras provincias del sur como Namibe, Huila y Cunene, así como del “empoderamiento” (proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven) de su personal, tanto profesionalizado como voluntario.
Con este contexto, inicio mi largo viaje hasta mi destino final en Benguela el 13 de abril (Jueves Santo) de 1995.

Desde Madrid vuelo con la desaparecida compañía belga Sabena, a Bruselas, y desde allí a Luanda, haciendo escala en Kinshasa.

Una vez en Luanda, conozco a los que a partir de ese momento serán mis compañeros de equipo.

Destaco, entre otras, la presencia y liderazgo del finlandés Stefan Baumgatner así como del portugués Pedro Simöes  y de la caboverdiana – portuguesa Eloisa da Cruz Lima . Posteriormente y entre otros se uniría, el francés Jean-Louis Gallo . Sin lugar a dudas, del personal “expatriado”, son las personas con los que he tenido más oportunidad de relacionarme, compartir y aprender.

La pena, es que ellos estaban basados en Luanda y a mí, aún me tocaba hacer el último tramo del viaje hasta mi destino final en Benguela.

Antes de partir hacia Benguela, me registro en la Embajada española, conozco al personal que trabaja para la misma, incluido el Embajador y me familiarizo con el funcionamiento de la “valija diplomática” que durante casi dos años fue mi principal y más fiable vía de comunicación con mi familia y amigos.

Registro ante la Embajada
Certificado de Registro de Matrícula en la Embajada de España en Angola

Para ir a Benguela, la situación no resultaba fácil. La carretera que conducía de Luanda a Benguela, estaba cerrada por minas anti carro y minas anti persona, por lo que tuvimos que articular un plan “b” para llegar con el vehículo todoterreno 4×4 imprescindible para poder desplazarte por las vías y carreteras que también habían sufrido las consecuencias de la guerra.

Ruta marítima y terrestre
Recorrido efectuado: Luanda – Namibe – Benguela

El plan b, consistía en tratar de llegar a Benguela en un buque carguero de contenedores. En el mismo buque, íbamos a trasladar varios contenedores con ayuda humanitaria y el mencionado vehículo. Después de varios días de espera, se confirma el viaje, pero, a la ciudad de Namibe (a 415 kilómetros de kilómetros al sur de Benguela).

Descarga en Namibe
Porto de Namibe (Angola)

La travesía en barco, nos llevó unas 36 horas, navegando prácticamente en paralelo a la rectilínea costa de Angola, en general, con buena mar y compartiendo esas dos jornadas con la tripulación portuguesa y angoleña del buque. Dado que el buque no admitía pasajeros, me tocó viajar en la enfermería del mismo.

Una vez en Namibe y efectuados todos los trámites de aduana, que a veces en Angola eran largos, tediosos y desesperantes, conseguimos recuperar nuestra carga y el vehículo que nos permitiría afrontar el último tramo del viaje.

Porto de Namibe
Porto de Namibe (Angola)

En Namibe, tuve oportunidad de conocer a Simão Caquarta  de la Cruz Vermelha de Angola, con el que trabajé intensa y eficazmente. La coordinación y la sintonía fue una tónica de nuestro trabajo. La mayor parte de las cosas que yo sé y aprendí en Angola se las debo a Simão. Desde ese momento y en los siguientes dos años sería mi sombra y yo la suya.

Desde Namibe, había dos opciones de viajar por carretera (bueno, mejor dicho por superficie, dado que durante cientos de kilómetros la carretera era inexistente) a Benguela, una era vía Lubango (Huila), y la otra era vía Bentiaba y Lucira.

Carretera de Benguela a Chongoroi
Restos de material militar en la provincia de Benguela

Por la razón que fuera, nosotros elegimos la opción “corta”, una vez comprobado en la sede de Naciones Unidas (Misión de Verificación para Angola de Naciones Unidas – UNAVEM)  que en las últimas horas / días no se habían registrado incidentes de seguridad. Este trayecto “más corto” supusieron otras 12 horas adicionales de viaje, en unas condiciones realmente duras y adversas. En ese último trayecto realmente aprendí sobre el terreno el significado de lo que significa conducir con un vehículo con tracción a las cuatro ruedas y la importancia de disponer del mismo.

Durante el recorrido se puede ver con toda su crudeza, algunas de las consecuencias de la guerra: edificios muy dañados, restos de material militar, tanques, minas anti carro y anti persona, etc. y hubo que sortear tramos de ríos, cuyos puentes se encontraban destruidos. Sin lugar a dudas, los restos visibles del reciente conflicto estaban demasiado a la vista.

Consecuencias de la guerra
Carreteras de Angola. Destrucción de puente como consecuencia de la guerra

Cada equis kilómetros (en los límites provinciales, en los accesos a puentes o a núcleos de población) te topabas con unos “controles de seguridad” de lo más variopinto, pero que había que tratar de superar con respeto y con mucha paciencia para no irritar a los vigilantes fuertemente armados, poco formados y deficientemente uniformados y de esta forma pasarlos sin mayores consecuencias para tu integridad ni de la carga que transportabas.

Personal del Puesto de Control
Control de carretera entre Benguela y Namibe

 Tras varios días de tránsito y de adaptación en la vibrante y caótica ciudad de Luanda, por fin conseguí llegar al sur, a la ciudad de Benguela, la tercera ciudad más poblada del país y capital de la provincia del mismo nombre, una ciudad agradable, manejable y que durante casi dos años, sería mi ciudad de adopción. Una ciudad sin puerto, pero con vistas al mar en la que no era imprescindible el uso del vehículo para cualquier mínima gestión. Una ciudad bastante segura, teniendo en cuenta la situación de los alrededores y con un personal integrante de la Cruz Vermelha con mucha experiencia y mucha dedicación con el que desde el primer minuto me sentí realmente integrado.

En próximas entradas en este blog relataré el detalle y el día a día de mis cometidos en Angola y la realidad que allí me encontré de frente con la que sería la dura realidad que me esperaría durante los siguientes meses en mi vida.

Unos meses después de mi regreso de Angola, desde el periódico El País quisieron tomarme unas declaraciones sobre la vivencia para ilustrar un artículo sobre españoles que habíamos vivido en países en los que había minas anti persona. Esto es lo publicado.

Artículo en el periódico El País de 16 de agosto de 1998, sobre los españoles con experiencia en países con minas antipersona
Artículo en el periódico El País de 16 de agosto de 1998, sobre los españoles con experiencia en países con minas antipersona

Dado que la situación en la actualidad es muy distinta y bastante mejor, te dejo este enlace con el audio del Programa Nómadas por si quieres escuchar la narración.

Agradezco cualquier comentario, reflexión o punto de vista. Siempre respondo. También puedes suscribirte a este blog, para recibir automáticamente las notificaciones de futuras entradas.

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Campo de Yarmouk (Siria)

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, 19 de agosto ¿Qué es lo que más necesita el mundo?

Desde hace 10 años, cada 19 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, instituido por la Asamblea General de Naciones Unidas coincidiendo con el aniversario del ataque al cuartel general de la ONU en Bagdad ocurrido en el año 2003.

Este año, el lema elegido por Naciones Unidas es “El mundo necesita más…”
Para mayor información y detalles puedes pulsar este enlace.

Y si quieres participar activamente en la campaña y saber cómo funciona, puedes pulsa aquí.

Campo de Yarmouk (Siria)
Multitudes a la espera de recibir ayuda humanitaria distribuida por la Media Luna Roja en el Campo de Yarmouk (Siria)

Esta efeméride me lleva a pensar y reflexionar sobre mi experiencia como técnico y como Trabajador Social, en lo que se refiere a la Asistencia y Acción Humanitaria llevada a cabo tanto en el terreno como en la sede de la oficina de Cruz Roja Española, que es la organización para la que trabajo.

He tenido la oportunidad de vivir muy de cerca situaciones en las que resultaba necesario dar una respuesta de Acción Humanitaria, en Siria para lo refugiados palestinos; en los Balcanes con la desmembración de la antigua Yugoslavia para cientos de desplazados y refugiados en los países vecinos; en el antiguo Zaire, como país receptor de cientos de miles de refugiados procedentes de Ruanda tras el conflicto hutu – tutsi; en Angola, como consecuencia de la guerra civil librada tras su independencia de Portugal y hasta la década de los 90.

Agua, Aprovisionamiento-agua, water, water-suply, Kibumba, Ruanda, Rwanda
Lugar de aprovisionamiento de agua potable en el campo de Kibumba. Goma (Rep. Dem. Congo)

Al trabajar para una organización internacional, el trabajo con tu “contraparte”, es fundamental y en el ámbito de Cruz Roja, relativamente fácil a través de su extensa red en todo el mundo con las Sociedades Nacionales de Cruz Roja o Media Luna Roja.

En mi experiencia de casi dos años en Angola, basado en la ciudad de Benguela era el único expatriado para poder hacer llegar la ayuda humanitaria a tantos miles de desplazados internos. Esto no hubiera sido posible sin la presencia del personal angoleño, tanto voluntario como remunerado. Al personal del país, en Angola como en otros países en los que he tenido la oportunidad de trabajar se les tiende a llamar “personal local” con una cierta subestimación respecto al “personal expatriado” o “personal internacional”.

Angola y Benguela
Mapa de Angola. Benguela situada en la costa, a unos 500 kilómetros al sur de Luanda.

Sin en el trabajo del personal nacional angoleño no hubiera podido efectuar mi cometido y llegar a los lugares remotos del sur de Angola a los que hemos llegado o en ocasiones haberme hecho entender por no hablar lenguas como el umbundu o el kimbundu. Son ellos quienes conocen su propio país, a sus vecinos, sus costumbres, etc. y quienes nos ayudan a romper la distancia que puede haber entre un extranjero desconocido y quien es uno más entre iguales, otro angoleño con el resto de la comunidad

En estos contextos, todo el personal, sea nacional sea internacional, no está exento de riesgos, y en ocasiones este riesgo o las consecuencias de la inseguridad que en un momento determinado se pueda vivir, tiene muy distinta trascendencia si al que le ocurre el percance es personal nacional o si es personal expatriado.

Yo quiero rendir mi pequeño homenaje en esta entrada a Herculano Chipindi, conductor de la Cruz Roja de Angola en Benguela, fallecido en una emboscada en el trayecto entre Namibe y Benguela (por Bentiaba y Lucira) y a Francisco dos Santos Paiva Paiva, conductor también, herido de bala en esa misma emboscada.

Yo mismo podría estar conduciendo en ese momento el vehículo y ser la víctima, pero las circunstancias, el destino o la suerte no han querido que eso haya sido así.

En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, mi recuerdo  y mi reivindicación es para esos cientos de miles de personas anónimas que actúan y colaboran con personal que trabaja para organizaciones internacionales y que a diario se juegan la vida en tantos lugares como Gaza, en Siria, en la República Democrática del Congo por solo citar unos ejemplos.

¿Qué se entiende por Acción Humanitaria?

Según el Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo se define como un conjunto diverso de acciones de ayuda a las víctimas de desastres (desencadenados por catástrofes naturales o por conflictos armados), orientadas a aliviar su sufrimiento, garantizar su subsistencia, proteger sus derechos fundamentales y defender su dignidad, así como, a veces, a frenar el proceso de desestructuración socioeconómica de la comunidad y prepararlos ante desastres naturales. Puede ser proporcionado por actores nacionales o internacionales. En este segundo caso tiene un carácter subsidiario respecto a la responsabilidad del Estado soberano de asistencia a su propia población, y en principio se realiza con su visto bueno y a petición suya, si bien en los 90 se abrió la puerta a obviar excepcionalmente estos requisitos.

La acción humanitaria encierra un contenido más amplio que el de la ayuda humanitaria. Incluye no sólo la provisión de bienes y servicios básicos para la subsistencia, sino también, sobre todo en contextos de conflicto, la protección de las víctimas y de sus derechos fundamentales mediante labores como la Defensa de los Derechos Humanos (advocacy), el testimonio, la denuncia, la presión política (lobby) y el acompañamiento.

Los antecedentes de la idea contemporánea de la acción humanitaria se producen como consecuencia y reacción tras la Batalla de Solferino (batalla franco – prusiana) en 1859 y tras la iniciativa del suizo Henry Dunant para la creación de una sociedad voluntaria de socorro y que los Estados ratificaran “un principio internacional convencional” garantizando la protección jurídica a los hospitales militares y al personal sanitario.

Posteriormente y a raíz de la iniciativa de Henry Dunant y en 1864 se creó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y comenzó a conformarse el Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Es precisamente el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en su conjunto el que promueve junto a otras organizaciones, el “Código de Conducta relativo al socorro en casos de desastre

Este Código define desastre como “acontecimientos extremos y aciagos que se cobran vidas humanas y provocan tanto gran sufrimiento y angustia como vasto perjuicio material”.

El Código contiene 10 puntos y 3 anexos.

Los puntos son:

1. Lo primero es el deber humanitario.
2. La ayuda prestada no está condicionada por la raza, el credo o la nacionalidad de los beneficiarios ni ninguna otra distinción de índole adversa. El orden de prioridad de la asistencia se establece únicamente en función de las necesidades.
3. La ayuda no se utilizará para favorecer una determinada opinión política o religiosa.
4. Nos empeñaremos en no actuar como instrumentos de política exterior gubernamental.
5. Respetaremos la cultura y las costumbres locales.
6. Trataremos de fomentar la capacidad para hacer frente a catástrofes utilizando las aptitudes y los medios disponibles a nivel local.
7. Se buscará la forma de hacer participar a los beneficiarios de programas en la administración de la ayuda de socorro.
8. La ayuda de socorro tendrá por finalidad satisfacer las necesidades básicas y, además, tratar de reducir en el futuro la vulnerabilidad ante los desastres.
9. Somos responsables ante aquellos a quienes tratamos de ayudar y ante las personas o las instituciones de las que aceptamos recursos.
10. En nuestras actividades de información, publicidad y propaganda, reconoceremos a las víctimas de desastres como seres humanos dignos y no como objetos que inspiran compasión.

Hay que reconocer la dificultad de cumplir absolutamente estos 10 puntos, pero a mi me gustaría hacer especial hincapié en el sexto y en el séptimo.

En el desarrollo del sexto punto se especifica: “Incluso en una situación de desastre, todas las personas y las comunidades poseen aptitudes a pesar de su vulnerabilidad. Siempre que sea posible, trataremos de fortalecer esos medios y aptitudes empleando a personal local, comprando materiales sobre el terreno y negociando con empresas nacionales.”

“Los ataques contra los trabajadores humanitarios aumentan. Basta ya. Los héroes humanitarios deben protegerse” #HumanitarianHeroes #WHD2014

“Attacks against humanitarians are on the rise. Enough is enough. #HumanitarianHeroes must be protected #WHD2014

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Cachindele en África

Durante mi estancia en Angola, tuve la oportunidad de recibir exclusivamente una visita desde España, se trató de la que hizo mi compañero y amigo, Javier Polo Brazo desde Sevilla. Javier era en aquel momento el Director de Recursos Humanos de la Cruz Roja de Sevilla, pero previamente habíamos compartido muchas vivencias en Cruz Roja Juventud.

Es verdad que la situación del país no estaba para muchas visitas. No había una guerra abierta, pero la situación tampoco era de paz estable. Por esa misma razón, agradecí más las semanas de visita que en la práctica para Javier, que iba de vacaciones, supusieron incorporarse a las largas jornadas de trabajo que teníamos en aquel momento.

Con esta entrada inauguro una sección de colaboradores invitados y a continuación el propio Javier, hace una reflexión de su estancia y visita a Angola.


“Acaba de hacer diecinueve años del amanecer de aquel día en el que mi avión tomaba tierra en el aeropuerto de Luanda. La visión desde el aire fue bastante peor de lo que había imaginado; a ambos lados de la pista se expandían los suburbios de una ciudad a la que ya hacía años que le habían saltado las costuras desde que miles de desplazados acudieran allí buscando refugio, huyendo de una guerra que duraba más años que los que tenían la mayoría de sus habitantes. Teniendo en cuenta que mi avión, un flamante Boeing 747 de Air France, procedía del modernísimo Charles de Gaulle de París el aterrizaje allí fue doblemente impactante. El aeropuerto era un poco caótico, adelantando lo que me encontraría en el país durante las siguientes semanas; en el tránsito aeroportuario descubrí -entre otras cosas- que cuando un policía angoleño te pide “gaseosa” no es que quiere que lo invites a una coca cola. A la salida de la terminal me esperaba Fernando Cuevas , quien a pesar de estar solo, entre tanto caos me pareció acompañado por una banda de música, banderas y alfombra roja; agradecí su presencia como se agradece un oasis en mitad de un desierto.

Tras estos primeros impactos me refugio en casa para descansar y así les dejo tiempo a mis anfitriones para que pueden acudir al entierro de un pequeño de unos dos años que acababa de morir de tétanos. Algo que me paraliza porque unos días antes había descubierto que la vacuna contra esa enfermedad era una de las que había olvidado ponerme para ir allí. Problema que Ana, la farmacéutica del hospital de la Cruz Roja de Sevilla, había solucionado incorporando en mi botiquín varias dosis de gammaglobulina con la leyenda: “muestra gratuita, prohibida su venta”, por si las necesitaba. Eso me hizo pensar que si hubiese llegado unos días antes, ese niño podría no haber muerto. Fernando me tranquilizó -si es que puede uno tranquilizarse ante eso- recordándome que acababa de llegar a África, que mis medicinas, con toda certeza, salvarán a algún niño en singular, lo que no evitara que muchos otros, en plural, sigan muriendo por enfermedades que tienen cura en occidente. Primera lección aprendida.

Por la tarde, ya descansado, me incorporo a la rutina de la delegación de la Federación Internacional de la Cruz Roja; me presentan a todos, me cuentan, les cuento… Llamada a casa para anunciar mi llegada sin novedad y primeras contradicciones de las miles que rondarán mis pensamientos esos días; mientras en Luanda la gente lucha cada hora por conseguir algo que llevarse a la boca antes de acostarse –y lo de luchar no es ninguna metáfora-, en mi ciudad miles de aficionados han salido a manifestarse a la calle porque la Federación Española de Fútbol ha decidido el descenso de categoría del Sevilla Fútbol Club, por su alto nivel de endeudamiento.

Tras varios días en la capital, incorporado a la rutina de la Delegación y conociendo los entresijos de la cooperación internacional, emprendemos camino a nuestro verdadero destino, Benguela, la segunda ciudad del país y cabecera de la provincia homónima donde desarrolla su trabajo mi anfitrión, como responsable de logística y socorros y, por tanto, organizador de los convoyes de ayuda humanitaria de esa zona; a ayudarle en estas tareas es a lo que me dedicaré en las siguientes semanas.

Javier con voluntarios de la Cruz Vermelha de Angola en Benguela. Camión del convoy con Ayuda Humanitaria
Javier con voluntarios de la Cruz Vermelha de Angola en Benguela. Camión del convoy con Ayuda Humanitaria

De aquel tiempo recuerdo muchas cosas y con cualquiera de ellas podría extenderme largamente, por ejemplo podría contarles que me reconfortaba ver correr tras nuestros vehículos a los niños más pequeños de los poblados a los que llegaban nuestros convoyes mientras gritaban a coro “cachindeles” una palabra en umbundu que, según me decían, en español podría ser traducida como un diminutivo de “blancos” (blanquitos), prueba de que no abundaban los europeos por las zonas que transitábamos.

También les podría contar lo que tardé en acostumbrarme a entender la economía del país, pagué dos millones de nuevos kwanzas (la moneda local vigente en ese momento)

Billete de 5 millones de Nuevos Kwanzas
Billete de 5 millones de Nuevos Kwanzas

por mi primer periódico y más del triple de esa cifra por el último, aunque en realidad siempre pagué lo mismo, medio dólar, nueva lección por tanto: cambia tus dólares sólo cuando lo necesites de verdad.

Podría extenderme también sobre lo desabastecidas que estaban las ciudades, sobre lo necesaria que era toda la ayuda que portábamos, sobre los interminables viajes en caravanas -siempre diurnas- por carreteras recién desminadas y en la mayoría de las ocasiones escoltados por “cascos azules”.

Les podría contar como uno no logra acostumbrarse nunca a la constante banda sonora de tiros en la distancia, que aumentaba en intensidad cuando gobierno y guerrilla mantenían negociaciones de paz, como las que se mantenían en Gabón durante los primeros días de mi estancia.

Podría pararme también a analizar las contradicciones que veía en todo este mundo de la cooperación internacional cuando se trata de ayudar en un guerra, tan extraordinariamente comprometido y desplegado en la capital del país pero tan ausente en el terreno, donde resultaba más que dificil encontrar los característicos jeep blancos, salvo los que eran de la ONU o de la Cruz Roja.

Cabecera de convoy con Ayuda Humanitaria en Angola
Cabecera de convoy con Ayuda Humanitaria en Angola

Pero no, no les hablaré de esas cosas, hoy prefiero compartir tres momentos que casi veinte años después siguen volviendo a mí de forma recurrente cada vez que pienso en ese viaje. Tres momentos que tengo grabados en mi cerebro como si de fotos fijas se tratara.

El primero de ellos es una pintada, sólo eso, una pintada de las muchas que podemos ver en cualquier muro de cualquier ciudad. Sin embargo esa en concreto estaba en un muro de Chongoroi. Estaba en lo que fue un obrador de panadería y rezaba en portugués:

Detalle de pintada
Queremos los cuerpos de nuestros muertos asesinados en Luanda

“queremos los cuerpos de nuestros muertos que fueron asesinados en Luanda”. Sólo eso y nada más que eso. El día que la vi por primera vez no reparé en ella, sin embargo, al caer la noche ya me atormentaba la cabeza y aún hoy sigue viniendo a mí en cada desvelo, o cada vez que asaltan mi televisión imágenes de otros lugares, de otras guerras, pero de las mismas victimas. Es la pintada de la rendición, de la desesperanza, del “todo se ha acabado”. Cuanto dolor habita el corazón de una persona que escribe eso en una pared, amparada en las sombras de la noche. Cuanto dolor de madres, de familias, de amigos; a los que lo único que les queda es el recuerdo del ser querido y la esperanza de poder algún día darles una digna sepultura.

El segundo no fue un momento exactamente, fue más bien un diario. Fue una imagen que vi cada uno de los días que fui al almacén de Lobito, donde se guardaba toda la ayuda que repartíamos. Entre otros muchos productos existía una montaña con docenas de muletas. El país estaba plagado de minas antipersona y esta ayuda era por tanto más que necesaria, dada la importante cantidad de personas mutiladas. Junto a esta montaña estaba otra, que es la causa de mi desvelo. Otra montaña de muletas, también con docenas de ellas, pero en este caso de un tamaño bastante menor, de treinta, de cincuenta centímetros; muletas para niños, las victimas más inocentes de cualquier conflicto, las más injustas, las más absurdas.

Javier Polo con niños de Angola
Javier Polo con niños de Angola

Mi tercer recuerdo son cinco monjas gallegas que gestionaban un hospital a dos kilómetros de la ciudad de Cubal. El hospital contaba con unas 1000 camas y en los alrededores estaban acampadas unas dos mil personas más; nos explicaron que el área de influencia de este centro era muy extensa y que los familiares que acompañaban a los enfermos se quedaban en los alrededores acampados mientras este estuviera hospitalizado. Atendían heridos de ambos bandos, por lo que gozaban del respeto de toda la población y lo convertía en el único edificio de la zona que nunca fue atacado. El motivo de nuestra visita era entregarles unas cartas de España, nuestro embajador nos había pedido el favor al saber que pasaríamos por esa ciudad; ellas no nos esperaban ni tampoco las noticias que le llevábamos. Nos recibieron como agua de mayo, nos mostraron su trabajo, el hospital, nos hablaron de sus necesidades de sus proyectos y de la esperanza en que las hostilidades no se reanudaran nunca. En una parcela cercana, retirada del resto de las instalaciones se encontraba la modesta casa donde nos ofrecieron una merienda y donde mantuvimos una larga conversación sobre Angola, España y sobre las esperanzas de cada uno y de las incertidumbres del momento que vivíamos.

Las semanas pasaron pronto, pero las lecciones aprendidas y aprehendidas permanecen hoy. De entre todas destacan tres: La primera es que las certezas humanas se asientan sobre barro, estamos convencidos de que nuestro bienestar debe ser el estándar del desarrollo humano, sin darnos cuenta que nuestras comodidades descansan sobre las guerras y desgracias de otros. La segunda es que existe un abismo entre pasar hambre y morirse de hambre, por mal que nos vayan las cosas, por mucho que haya meses que no sepamos como lo vamos a acabar, la lucha diaria en buena parte del planeta es por la supervivencia pura y dura, sin paños calientes.

Pero la más terrible de las lecciones la tuve el día que descubrí que un niño sólo deja de reír y de jugar cuando se está muriendo. Si al llegar a un poblado no veías a niños corriendo tras tu coche al grito de cachindeles habías llegado demasiado tarde.”

Angola y Benguela

Angola, los preparativos, los comienzos y una visita

Tal y como indicaba en mi entrada del pasado 3 de julio, pincha aquí, en la primavera de 1995, tras una intensa y concienzuda preparación de la mano del Director Ejecutivo del Departamento de Cooperación Internacional, Manuel Fernández Gómez, soy enviado por la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de Cruz Roja y Media Luna Roja como Delegado de Socorros a Benguela (Angola).

El cometido en Angola, era proporcionar asistencia a los cientos de miles de desplazados angoleños, por causa de la guerra civil vivida. Había que proveer de asistencia humanitaria; distribuciones alimentarias; distribuciones de aperos de labranza, de semillas, de alimentos, de ropa, enseres, de medios de vida y garantizar el funcionamiento de una red de puestos y centros de salud en el sur del país. Además había un componente de desarrollo de la Sociedad Nacional en todos los ámbitos y particularmente yo me empeñé en el que me correspondía que era el de Benguela y otras provincias del sur como Namibe, Huila y Cunene, así como del “empoderamiento” de su personal, tanto profesionalizado como voluntario.

Angola y Benguela
Mapa de Angola. Benguela situada en la costa, a unos 500 kilómetros al sur de Luanda.

La situación en Angola ni era de conflicto abierto ni de paz estable, por lo tanto todo era muy frágil, muy inseguro, muy débil y las consecuencias de aquel conflicto interno habían provocado cientos de miles de desplazados, que eran el objeto de atención de la Federación y de la Cruz Vermelha de Angola.

Durante ese periodo, tuve la oportunidad de recibir exclusivamente una visita desde España, se trató de la que hizo mi compañero y amigo, Javier Polo Brazo desde Sevilla. Javier era en aquel momento el Director de Recursos Humanos de la Cruz Roja de Sevilla, pero previamente habíamos compartido muchas vivencias en Cruz Roja Juventud.

Es verdad que la situación del país no estaba para muchas visitas. No había una guerra abierta, pero la situación tampoco era de paz estable. Por esa misma razón, agradecí más las semanas de visita que en la práctica para Javier, que iba de vacaciones, supusieron incorporarse a las largas jornadas de trabajo que teníamos en aquel momento.

Con esta entrada inauguro una sección de colaboradores invitados y a continuación el propio Javier, hace una reflexión de su estancia y visita a Angola.

Gracias Javier.