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La batalla de Oroquieta, primera actuación de Cruz Roja Española en una acción bélica

El 4 de mayo de 1872, hace exactamente 145 años, que Cruz Roja Española, con poco más de siete años de existencia, se bautizaba dando respuesta humanitaria en una acción bélica enmarcada en la Tercera Guerra Carlista.

Hay que recordar que en aquel año de guerra solamente estaba en vigor el Primer Convenio de Ginebra, que indica que todas las personas que no participen en las hostilidades, incluidos los miembros de las fuerzas armadas que hayan depuesto las armas y las personas puestas fuera de combate, serán tratadas con humanidad, sin distinción alguna.

Sobre la tierra de Oroquieta (Navarra)

los carlistas tuvieron 38 muertos, 10 heridos y 749 prisioneros, la mayoría de ellos sin haber podido empuñar un arma, por no poseerla. Por parte del bando “amadeista” se registraron 6 muertos y 26 heridos.

El doctor Nicasio Landa, impulsor de la fundación y creación de Cruz Roja Española, propuso a la Comisión de Navarra el texto de una “alocución” para su aprobación a modo de llamamiento a la población general sobre las consecuencias de un conflicto bélico y haciéndose eco de la vigencia del Primer Convenio de Ginebra efectúa una arenga para asistencia a los heridos.

Doctor Nicasio Landa, Fundador de Cruz Roja Española

El texto íntegro de su alocución es:

“Hermanos: La más terrible calamidad, el más cruel azote, la guerra y guerra civil amenaza caer sobre nuestras cabezas, y el lúgubre estruendo de los fusiles, pregonero de muerte y exterminio, viene a turbar el silencio de nuestras  montañas. Pronto, quizás centenares, tal vez millares de infelices tendidos en nuestros campos pedirán auxilio con doliente voz: ¡quién podrá desoírla! ¡Quién podrá pararse a mirar si el desgraciado cuya sangre se escapa a borbotones llevaba en su cabeza el ros o el kepis, la boina o el gorro frigio! No: que todos son hermanos nuestros, que a todos debemos igual piedad, y por eso para socorrerlos pedimos el concurso de todos, sin excepción de opiniones ni colores políticos.

Queremos afirmar el principio de la fraternidad allí donde va a ser más violado: queremos que entre tantos horrores como pueden prepararse haya también grandes consuelos: queremos que el par de sangrientas hazañas puedan contarse caritativas proezas: queremos que con el vapor de la sangre derramada en fratricida lucha, llegue también como una expiación al trono del Eterno, el tributo de bendiciones que siempre sabe ganar la caridad cristiana. Si vosotros lo queréis también, venid y este propósito se habrá logrado, y Navarra seguirá el noble ejemplo de caridad que en sus últimas guerras nos han dado los pueblos de los Estados Unidos y de Alemania.

En nuestra primera alocución decíamos hace siete años: “nuestra obra es obra de caridad y solo por los impulsos del corazón se rige” obedeced, pues al que sentís en estos momentos y ayudadnos. Que nada os detenga en tan buen propósito, porque “quien hace lo que puede, sea poco o seas mucho, ha hecho lo que debe” “un puñado de hilas, una moneda, un manojo de lienzo, una botella de vino, un canastillo de fruta” logran en ciertos casos el valor incalculable que tiene un vaso de agua para los labios  de un sediento. Ese caso ha llegado y por eso os pedimos hoy cualquiera de esos donativos: dad, pues para esos infelices y pedid también para ellos, repitiendo por todos los hogares de Navarra el grito de ¡SOCORRO A LOS HERIDOS!”

Una vez que se tuvo noticia de la Batalla de Oroquieta, se acordó el envío de un grupo de cirujanos y auxilios de toda clase para asistir a los heridos por la comisión provincial de socorros de la Cruz Roja de Navarra.

Asistencia humanitaria en la guerra por parte de Cruz Roja

El equipo del doctor Nicasio Landa funcionó a la perfección. Cuando llegaron a Oroquieta se aprestaron a asistir a los heridos que estaban entre montones de paja, donde yacían, y les proporcionaron curas, abrigo, comida y lecho.

La respuesta al llamamiento y alocución de Nicasio Landa no se hizo esperar y por parte de la Sección Central de Señoras se efectuó un primer envío de socorro consistente en un cargamento de hilas, vendajes, ropas y remedios.

Importantes personalidades de la época como la condesa de Espoz y Mina, Concepción Arenal y otras hicieron donaciones de varios cientos de reales para contribuir a sufragar los gastos.

Los envíos de donativos y socorros se sucedieron, pero lo importante fue que, a raíz de esta primera intervención, se empezaron a formar Comisiones de Cruz Roja en muchos puntos donde transcurrían estos conflictos armados y por lo tanto la presencia de la organización fue extendiéndose paulatinamente.

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Referencias:

La Caridad en la Guerra. Boletín Oficial de la Asociación para Socorro a heridos en campaña y luchas civiles. Número 26 Mayo 1872.

Historia de la Cruz Roja Española, Clemente, J.C. 1986 (pags.63 – 69)

Nicasio Landa

Asistencia sanitaria en la guerra

El mandil Landa

Libros para los prisioneros de la Primera Guerra Mundial

Entre los años 1914 y 1918 tiene lugar la Guerra Europea, también conocida como Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial #1GM.

Cruz Roja Internacional, en aquellos tiempos contaba con apenas 51 años de existencia estuvo abrumada ante la magnitud de las cifras de bajas. Los muertos, heridos, desaparecidos y prisioneros de guerra se contaban por cientos de miles.

Ante la impotencia e incapacidad de los servicios de sanidad militar de los países involucrados, gracias al trabajo de Cruz Roja y a sus propios recursos se lograron en aquellos años de contienda paliar muchas de esas grandes deficiencias.

El mérito principal residió en el respeto con que fue considerada tanto por las autoridades como por el personal civil de todos los países beligerantes.

Hay que recordar que en aquellos años de guerra solamente estaban en vigor el Primero y Segundo de los Convenios de Ginebra, que indica que todas las personas que no participen en las hostilidades, incluidos los miembros de las fuerzas armadas que hayan depuesto las armas y las personas puestas fuera de combate, serán tratadas con humanidad, sin distinción alguna.

Las peticiones que hacían los prisioneros de guerra eran de lo más variadas, desde tabaco (ver entrada Envío de tabaco a prisioneros de la Primera Guerra Mundial) hasta que se les enviasen libros, víveres, alimentos, prendas de abrigo, periódicos y otros productos a sus centros de internamiento y detención. Esta situación tan variopinta en su momento provocó la regulación por parte de las autoridades militares y aduaneras de los artículos que se permitían enviar y los que no (ver entrada Artículos prohibidos para el envío a prisioneros de la Primera Guerra Mundial).

Las peticiones de libros llegaban desde distintos campos de prisioneros de distintos países y  continentes, como por ejemplo desde Alemania; Isla de Man; Rusia; Reino Unido, Barbados; Suiza, Egipto, Austria, etc.

La mayoría de las peticiones eran referidas a libros de gramática castellana para poder continuar con el estudio de la lengua y poder leer otros textos. También solicitaban diccionarios, libros de poesía, novelas, revistas y textos de autores como Calderón de la Barca, Benito Pérez Galdós, etc.

Los prisioneros de guerra de distintas nacionalidades y profesiones (estudiantes, comerciantes, marineros, etc.), en su cautividad indican y manifiestan su interés por el estudio del idioma español, e incluso en el Campo de internamiento de Katzenau (Austria) se menciona la creación de una Universidad Popular para los más de 3.000 internos.

A continuación se transcriben textualmente algunas de las peticiones:

Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde la Isla de Man
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Barbados
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Alemania
Gramática castellana de 1915
Petición de libros de prisioneros de la Primera Guerra Mundial desde Katzenau (Austria)
Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Suiza
La vida es sueño de Calderón de la Barca
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Katzenau (Austria)
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Inglaterra
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Vladivostok (Rusia)
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Sidi Bishr (Egipto)
Petición de libros de prisionero de la Primera Guerra Mundial desde Inglaterra
Ejemplar de la Revista Blanco y Negro de 1917

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Referencias:

La Cruz Roja. Revista Mensual Ilustrada. Órgano oficial de la Asamblea Suprema Española. Números 191 Mayo 1918 y 192 Junio 1918.

Historia de la Cruz Roja Española, Josep Carles Clemente 1986

Gramática castellana 1915

Revista Blanco y Negro 1917

La vida es sueño de Calderón de la Barca

Episodios Nacionales