Lübeck, la ciudad de las torres de ladrillo

Este post, forma parte de un conjunto de entradas relativas al viaje por el Báltico en septiembre de 2016 en dónde de una forma muy sencilla y utilizando transporte público hemos tenido la oportunidad de viajar por Dinamarca, Alemania, Polonia, Letonia y Estonia.

Para leer sobre la etapa de Copenhague, pulsa aquí.

Para leer sobre la etapa de Hamburgo y Rostock pulsa aquí.

Para leer sobre la etapa de Szczecin (Polonia), pulsa aquí.

 

Para leer sobre la etapa de Gdansk y Castillo de Malbork pulsa aquí

Para leer sobre la etapa de Riga y Tallín pulsa aquí

Desde Copenhague viajamos en tren a Alemania. Dado que la ciudad está en una gran isla, habíamos imaginado que estaría unida al continente por puentes.

El tren cruzó la isla en diagonal hacia el suroeste y efectivamente cruzamos un enorme puente pensando que ya estaríamos en el continente y seguimos avanzando. Nuestra sorpresa fue total cuando pasado el rato llegamos de nuevo al borde del mar y el tren fue literalmente “tragado” por un ferry.

El tren avanzó lentamente saliendo de la vía y fue entrando rodando en la bodega del barco junto a muchos otros camiones y coches particulares.

Travesía Copenhague - Lubeck

Nos avisaron por megafonía de que teníamos que dejar todo en el vagón y subir a la cubierta del barco. Al llegar ya el ferry había zarpado y estuvimos en cubierta viendo el mar y tomando el sol y cruzando el Báltico llamado por ellos “Ostsee” hasta llegar a la otra orilla de la costa, a Alemania, al puerto de Puttengarde donde de nuevo bajamos a la bodega, nos metimos en nuestro tren y allí el tren fue sacado de la bodega, encarrilado en las vías alemanas y continuamos hasta Lübeck, una experiencia muy curiosa.

Lübeck es una preciosa ciudad medieval que fue la capital de la Hansa, y sede de las reuniones de las ciudades que eran miembros.

Llama la atención la sólida puerta de entrada de las murallas, con sus dos gruesos torreones de ladrillo que son el símbolo de la ciudad.

Puerta de entrada a la ciudad de Lubeck
Puerta de entrada a la ciudad de Lubeck

La entrada a la ciudad por la famosa puerta es impactante con sus dos torreones de ladrillo coronados, el paso del tiempo los ha ido hundiendo por un lado y ya no están verticales y parecen inclinados.

El poder y la riqueza generados se pueden constatar aun hoy, pese a que la ciudad fue bombardeada por los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Algunos edificios se salvaron pero la mayoría han sido fielmente reconstruidos, palacios, iglesias, edificios civiles y  un largo etcétera.

Iglesia de Santa María en Lubeck
Iglesia de Santa María en Lubeck

El poder económico quedó reflejado en la edad media en su grandioso ayuntamiento de ladrillo, en sus iglesias, también de ladrillo, la catedral, la inmensa Marienkirche, con sus altas torres coronadas por esos tejados a modo de pináculos de bronce tan característicos.

El Ayuntamiento es gótico y de ladrillo como todos los grandes edificios en las ciudades hanseáticas. En la Europa latina se construía en ladrillo desde hacía siglos pero para los países bálticos fue un descubrimiento tardío y símbolo de riqueza. El ayuntamiento era, además, la sede de la Hansa y se mantiene la sala de reuniones. Las torres de las iglesias rivalizaban en altura, grosor y esbeltez coronadas por las típicas agujas metálicas verdes, por el color del bronce oxidado. Pese a haber sido diana fácil de los bombardeos, al ser de ladrillo se han reconstruido y casi no se aprecia exteriormente. Las vidrieras se rompieron y los interiores son hoy muy básicos, sin apenas decoración, aunque al ser iglesias “reformadas” tras Lutero ya habían perdido sus decoraciones “católicas” hacía siglos y por tanto las pérdidas del siglo XX se han podido reconstruir fácilmente: la inmensa torre de  la catedral, la llamada Dom, o las magníficas torres dobles de Marienkirche, o San Jacobo rivalizan por ser más altas, más esbeltas y más impactantes desde el río Trave, uno de los dos que rodea la ciudad: las vistas desde las orillas del río, con sus jardines y puentes y las torres sobresaliendo a la luz del atardecer son mágicas.

Vista de Lubeck sobre el río Trave
Vista de Lubeck sobre el río Trave

Muy interesante  también el moderno Museo Europeo de la Hansa que nos cuenta la historia de la organización y reproduce las casas, almacenes y barcos de la época. Allí se pueden ver las cartas de concesión de privilegios otorgados por la ciudad a algunas de las otras 125, hay monedas, cuadros y han recreado la sala de reunión de los representantes de la Hansa, con sus estrados y mediante auriculares se pueden escuchar las supuestas discusiones de la reunión que tuvo lugar en una de las ocasiones y cuyas actas se reproducen explicando las disputas entre el representante de Lübeck y el de Brujas acerca del respeto o no de las cláusulas pactadas. Es magistral cómo nos logran situar en la época.

Las callejuelas medievales mantiene su sabor y hoy son hoteles, restaurantes, cafeterías. Destacan las plazuelas, el antiguo hospital, las casas de Günter Grass, o aquella otra en que Thomas Mann ambientó las andanzas de la familia de los Buddenbrook.

En resumen, una ciudad  apasionante históricamente y de gran belleza. Y además con sol y elevadas temperaturas nos han permitido disfrutar de una etapa genial del viaje.

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Referencias: Fotografía tren

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