Palacio de Potala

Tíbet, el techo del mundo

(En esta entrada relatamos la parte del viaje que transcurrió en Tibet. Si quieres ver los detalles de Nepal, pulsa en este enlace y si quieres leer la parte relativa a nuestra escala en Doha (Qatar), pulsa aquí.)

Una nueva inmersión en nuestra querida Asia comienza con la visita a Tíbet. Una región autónoma de China, llena de reminiscencias: el Dalai Lama, el Potala, los Himalayas, el Everest, y todo y en su conjunto muy sorprendente:

Contrariamente a lo que pensábamos se trata de una región árida, en el sentido más amplio del término: el paisaje, pese a las iniciales expectativas, es sorprendente, las laderas norte del Himalaya no son lo que uno esperaría, paisajes alpinos cubiertos de bosques y nieves perpetuas. Antes al contrario, debido a la altitud de las cordillera del Himalaya, las nubes cruzan a la “cara norte” (la famosa North Face) ya sin apenas agua, y eso, unido a la extraordinaria altitud media, con docenas de montañas de más de 4.000 metros de altitud, hacen que la vida silvestre sea inexistente. Nos encontramos por tanto con un horizonte de valles con pobre vegetación y rodeados de grandes montañas marrones, sin flora alguna, ni árboles, ni arbustos ni hierbas, un paisaje más propio de los desiertos de Jordania o Atacama en Chile.

Esto, unido al clima extremo han ido modelando el carácter duro de sus gentes, y la dureza de su historia de aislamiento entre montañas infinitas ha convertido a los tibetanos en un pueblo encerrado en si mismo, con una vida volcada en el trabajo en el campo, la ganadería y la vida en los monasterios.

Por el contrario, sus templos y monasterios encierran la riqueza de historias, imágenes, leyendas y enseñanzas del budismo que da sentido espiritual y transcendente a esa dureza material: el Buda, que no es un dios sino un hombre que alcanzó ya la iluminación, es decir, que se liberó de los problemas, deseos y anhelos que complican la vida del hombre tras un camino de superación personal, hasta alcanzar ese nirvana que pone fin a la rueda de reencarnaciones que permiten ir mejorando (o empeorando) según se actúe con buenas obras o con malas acciones, en un proceso de premio y castigo natural que predispone al tibetano a no hacer daño a los demás (sean personas, animales o pequeños insectos, naturaleza). Cualquier ser puede ser la reencarnación de una persona y por tanto hay que respetarlos.

Hecha esta introducción para entender un poco el contexto de los tibetanos, hay que decir que la riqueza cultural que atesoran es sorprendente.

Palacio de Potala
Templo Monasterio de Potala en Lhasa

Grandes monasterios – palacios como el del Potala, residencia del Dalai Lama en Lhasa, la capital es un inmenso edificio de más de 13 pisos de altura construido por los sucesivos Dalai Lama, hasta el actual que hace el número catorce y se encuentra en el exilio desde la ocupación / destrucción del país por los chinos en 1950 a raíz de lo cual trataron de aniquilar al pueblo tibetano, provocando el exilio a sus dirigentes políticos (el Dalai Lama era líder espiritual y también político).

Las salas en el palacio se suceden llenas de imágenes, escaleras empinadas, salas con las “escrituras” o libros del monasterio, ofrendas, en un universo lleno de imágenes de budas y de estatuas de “bodishatvas” (algo así como ángeles que ayudan a los hombres en su camino) y tumbas de los Lamas.

El resultado es fascinante y sorprendente. Alrededor de las salas privadas hay salas de gobierno, pues desde esta enorme fortaleza, también, se dirigía el país, así como almacenes y alrededor hay viviendas donde vivían los lamas que estudiaban, rezaban, filosofaban y trabajaban en el Potala.

De la vieja ciudad de Lhasa no queda nada, todo fue destruido y reconstruido por los  chinos en una especie de teatro de cartón piedra donde hoy se suceden tiendas y hoteles.

Templo de Jokhang
Tejado del Monasterio de Jokhang en Lhasa

Subsisten el antiguo Templo o Monasterio de Jokhang (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), con sus salas de reunión de los lamas y las capillas con velas ante las imágenes de los budas. Sorprendentemente el ambiente no es muy diferente al de nuestras iglesias, cambian las imágenes y las caras de las gentes pero los altares, las imágenes, las velas, el incienso y el sonido de las oraciones repetitivas que repiten hasta el infinito plegarias….es muy parecido al de las mujeres mayores que rezan el rosario en nuestras iglesias cristianas.

El precioso Palacio de Verano, con sus pabellones de recreo, sus jardines y paseos se convierte los días de fiesta en lugar de reunión de los tibetanos con sus familias a la sombra de los centenarios árboles, inexistentes apenas fuera de ese recinto.

Palacio de Verano

Palacio de verano en Lhasa

Desde Lhasa iniciamos en coche nuestro camino hacia el Everest atravesando las montañas en escaladas vertiginosas hasta los más de 5.000 metros de altura y pudiendo admirar el maravilloso lago Yamdrok de color azul turquesa enclavado en las montañas. Destaca especialmente en Tíbet la fuerza de los colores: al tener mucha menos atmósfera que en otros lugares, hay menos “aire” que difumine los colores (hay 5 kilómetros menos de atmósfera) y por lo tanto el azul del cielo es de un tono metálico, el blanco de las nubes es muy brillante y el contraste con el marrón de las montañas es muy fuerte.

Lago Yamdrok
Vistas del Lago Yamdrok

También destaca por la noche la luminosidad de las estrellas y su número, parece que haya infinitamente más que en otros lugares, simplemente se ven todas, en lo que es una fiesta de luces nocturnas.

Lhasa - Zhanghmu
Mapa de las etapas desde Lhasa a Zhanghmu en Tibet

Tras varios días de viaje en que pasamos por diferentes ciudades, como Gyantsé, con su castillo, monasterios y templos y su orgullosa resistencia ante los ataques ingleses que no lograron conquistar la ciudad, o Shigatse, con el fabuloso monasterio del Panchen Lama, otro de los líderes político/espirituales de los tibetanos. Este monasterio forma una auténtica ciudad dentro de las murallas, con diferentes “colegios” que son grupos de casas donde viven los estudiantes, al modo de nuestros colegios mayores, y allí cocinan, lavan su ropa y estudian.

Aquí asistimos a una interesantísima ceremonia: los exámenes de los alumnos: en la sala de audiencias, que es una gran sala con columnas, se colocan los sitios de los alumnos, en realidad como se sientan en el suelo en la postura del loto, con las piernas cruzadas, no hay sillas sino unas filas de colchonetas alineadas dejando un pasillo entre fila y fila. En este caso había unas 4 filas de colchonetas a cada lado de un pasillo central algo más ancho. Los lamas, con sus túnicas de color azafrán y amarillas estaban sentados escuchando- Al final del pasillo, sobre un estrado elevado, los maestros, con unos gorros amarillos examinaban al aspirante, que estaba de pie en el pasillo central, rodeado por sus  compañeros. El aspirante tiene que hacer el examen oral, respondiendo a las preguntas sobre el budismo, filosofía o las enseñanzas de  buda.

Para romper la tensión de hablar en público, les enseñan trucos para distender los nervios. Se trata de dar una palmada golpeando con la mano derecha sobre la izquierda y haciendo mucho ruido. Igualmente tienen que adelantar el pie derecho y cruzarlo sobre el izquierdo en una especie de paso de baile. Este gesto se repite cada poco tiempo y les permite romper con la tensión física y concentrarse en lo que están diciendo. Los aplausos o abucheos de sus compañeros les indicarán si svan por  buen  camino o se equivocan. El espectáculo es realmente divertido para los espectadores Y los propios alumnos, tan alejado de la tensión paralizante de nuestros propios exámenes en España, también en eso deberíamos aprender de oriente.

En nuestro recorrido por el país llama mucho la atención que, debido a la repoblación china, todos los pueblos se han construido exactamente igual, la misma casa blanca de piedra enfoscada de dos pisos de altura y pintada de blanco con 5 ventanas enmarcadas en negro y un dintel sobre la ventana de madera tallada y pintada de colores. El modelo se ha repetido hasta el infinito y no hay ningún edificio diferente, lo que unido al paisaje invariable dan la impresión de que siempre se esté cruzando el mismo pueblo.

Vivienda Tibet
Vivienda tipo actual en Tibet

Tras tres días llegamos por fin a Rongbuk, a las puertas del Everest.

Pese a que ya habíamos divisado la cumbre el día anterior entre las nubes, el momento de ver por primera vez el “Qomolangma” como le llaman ellos a la “Madre de todas las grandes montañas” es sobrecogedor. Está allí presidiendo el mundo, como un guardián que vigile nuestros pasos. Le contábamos al guía que para nosotros era muy especial estar delante del gran monte, porque en nuestra infancia presidía su foto los diccionarios Everest y que habíamos visto esa imagen cada dia de nuestra vida escolar…

Everest
Amanece en el Everest

Tras pasar uno más de los incontables puestos militares de control de carretera (uno cada 40 kilómetros aproximadamente) en que el conductor tiene que bajarse y llevar el visado que nos autoriza a desplazarnos por allí antes de poder continuar (como si fuera posible llegar al Everest sin haber pasado las docenas de puestos de control, tan pesados como inútiles), pero parece que eso permite tener ocupados a miles de soldados en todo el país, además de entorpecer la vida diaria de cualquier tibetano agricultor o comerciante que entre o salga de su pueblo y demostrarles quién manda en el país.

Llegamos pues al Campamento Base, a 5.200 metros de altura. Tuvimos mucha suerte porque el Everest suele estar cubierto de nubes y es difícil verlo despejado, pese a lo cuál ¡pudimos verlo durante 3 jornadas consecutivas sin nubes!

Hicimos una subida hasta el observatorio a unos pocos metros más de altitud en lo que fue nuestra particular ascensión al Everest, que si  bien no es un gran mérito para un alpinista que ascienda los “ochomiles”, para nosotros fue una experiencia vital que recordar: ¡el momento en que escalamos el Everest! Y teniendo que superar el mal de altura, una desagradable sensación debida a la falta de oxígeno en la atmósfera (de nuevo se notan los cinco kilómetros menos de atmósfera de lo que estamos acostumbrados), que hace que subir dos escalones provoque asfixia y un ahogo que al principio asusta un poco. Las noches cuando uno se despierta sin poder respirar y sintiendo que se asfixia y tiene que incorporarse son angustiosas. Por suerte nos recetaron un diurético, Edemox, que palia los efectos y en unos días los superamos.

Tras despedirnos de la montaña mágica continuamos camino para cruzar las montañas hacia Nepal., y tras superar un nuevo alto de más de 5.300 metros donde nos cruzamos con un grupo de ciclistas occidentales que estaban celebrando la hazaña de haberlo subido pedaleando, doblamos la vertiente de la montaña y empezamos el descenso de la ladera sur y ahí, apenas rebasado el puerto, de pronto, como si hubiéramos cambiado de continente, el paisaje se convirtió en la imagen del Himalaya que esperábamos al inicio, todo cubierto de bosques verdes, con inmensas cascadas de agua cayendo en los valles y profundísimos desfiladeros al fondo de los cuales rugían los ríos que corrían con una velocidad desbocada mientras la carretera iba serpenteando para adaptarse el abrupto terreno.

Banderines de plegarias
Banderines de plegarias

A lo largo y ancho del Tíbet, encontramos los famosos banderines de plegarias. Se trata de una bonita costumbre, con la cual los tibetanos ondean al viento banderas en las que hay escritas plegarias y buenos deseos. El viento llevará esas buenas intenciones a todos los rincones del mundo.

Finalmente y tras 4 días habíamos llegado al último pueblo del Tibet, Zhanghmu donde la carretera bajaba en zigzag hasta el fondo del valle. Allí nos encontramos con el puente de la Amistad, un inmenso puente de hierro que sirve de frontera de paso y donde los nepalíes hacen colas interminables para cruzar la frontera hacia Tibet / China y los camiones hacen colas  kilométricas para llevas los productos chinos a Nepal y la India.

Puente de la Amistad
Nepalíes esperando la apertura de la frontera Tibet – China

Tal y como se ha indicado, no resulta fácil moverse “por libre” en Tíbet, recomendamos la organización de los trámites, visados y desplazamientos a través de una agencia especializada, que en nuestro caso fue Truante Tours &Travel.

Esperamos que te resulte de utilidad nuestro testimonio y encantados Santiago López Rodríguez y yo de recibir tus comentarios, sugerencias y opiniones.

Si quieres ver un pequeño álbum con una selección de fotos del Tíbet, puedes visualizarlo en este tablero de Pinterest.

Selección fotos Tibet
Selección de fotos de Tibet en Pinterest
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13 comentarios en “Tíbet, el techo del mundo

  1. Muchas gracias Fernando por tu descripción. Tibet es un lugar donde desde hace mucho quiero ir; además de la experiencia del viaje que debe ser alucinante, soy budista (desde hace unos 25 años) y seguramente sería un viaje muy enriquecedor espiritualmente. De momento me quedo con la bonita descripción que haces.
    Muchas gracias,

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  2. Hola,
    Qué recuerdos! Yo lo visité en el 99 y necesité un salvaconduto. Tuve la suerte de viajar sólo y en libertad, algo inaudito entonces. Aún recuerdo el color del cielo y de los templos. Aún escucho el canto grave de las oraciones y recitaciones a las que se me permitió pasar cuando echaban a los pocos turistas que íbamos entonces. Es, sin duda, el viaje mñás bonito que he hecho en mi vida. Me alegro se hayais seleccionado ese destino. Abrazos. Pablo

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  3. Una descripción muy buena del viaje, ya sabéis lo que me gustaría ir, está en mis planes de futuro. Yo estuve en Katmandú en el año 1981, y solo salimos a las afueras a visitar algún templo y ver las estribaciones del Himalaya, de lejos. Ahora que me estoy poniendo en forma, va a ser el momento.
    Seguid viajando y relatándolo tan bien. Besos. Rosa

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    1. Esther,

      Gracias por tus comentarios.

      Nuestra experiencia es un poco más reciente, de septiembre de 2014, por lo tanto de unos meses antes del terremoto de Nepal y los recuerdos y vivencias continúan aún frescos.

      Saludos,

      Fernando

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